Si yo pude hacerlo viniendo de donde venía, tú también puedes.
Nací en uno de esos barrios de Barcelona donde el horizonte tiene rejas aunque no las veas. El alcohol corría más rápido que los sueños. La violencia era el idioma de los que no sabían expresarse de otra manera.
Con dieciocho años, solo frente a mí mismo en el ejército, ocurrió algo inesperado: me encontré. Años después construí mi empresa, me casé, nació mi hija. El éxito parecía seguirme los pasos.
Pero con cuarenta y dos años, treinta kilos de más, el alcohol sin control, sentado en el sofá completamente vacío por dentro, mi hija de cuatro años se acercó y me dijo con esa honestidad brutal que solo tienen los niños:
Esa noche no dormí. Algo se rompió. O quizás, algo se abrió. En seis meses perdí treinta y cinco kilos. Dejé el alcohol. En tres años leí más de doscientos libros y llegué siempre a la misma conclusión:
Todo se basa en lo mismo.